Volando por la Serrania de Librilla.


Con un poco más de una semana de descanso, me planto en la salida de los 21 kilómetros por la Serranía de Librilla, que aunque una carrera muy rápida, donde los corredores suelen volar por las cómodas pistas muy por debajo de los cuatro minutos por kilómetro, es de obligada participación en mi calendario anual, ya que la salida está a cinco minutos de mi casa.

La semana había sido suave. Después de mi buen resultado en el Campeonato Regional de Ultra Distancia, deje descansar a mis músculos, que estuviesen preparados para dar lo máximo ¡¿o no?! Después de tanto tiempo entrenando para largas, nunca sabes cómo va a actuar tu cuerpo.

Pues sin una estrategia pensando, salgo a por todo, tirando desde los primeros metros de la carrera. Sergio Pardo (Trialhama) no se queda atrás, dándome el relevo y aumentando el ritmo. Debemos de ir rápidos, pues en pocos metros nos quedamos unos 5 corredores. Mi corazón va muy acelerado, no está acostumbrado, pero esto acaba de empezar, todavía hay fuerzas. ¿¡Cuánto tiempo durará!?
Con Sergio y Carlos, dos atletas de gran nivel de la Villa de Librilla. 




En la primera rampa seria pruebo a mis acompañantes, el grupo se rompe y solamente me aguantan dos: Sergio, al cual veo muy entero, dejándome hacer cuesta arriba pero cogiendo el mando cuando llanea. Y un desconocido para mí, José Antonio Pérez (Marathon Crevillent) que muy conservador siempre se mantiene en la parte trasera. Parece que va justo y no tardará en descolgarse.

¡Qué confundido! José Antonio estaba haciendo su carrera, el más inteligente de todos, siempre agazapado detrás, ocultándose del aire, dejándonos que nos desgastásemos. Era un mero espectador a la espera de su oportunidad. Y así quedó claro en su primer cambio serio, parece que no estaba y de repente nos ajusta las tuercas. Salvados por la rampa, nos volvemos a agrupar y cojo el mando. Si quiero alguna oportunidad, tengo que apretarles en subida.
José Antonio apretándonos en el llano.

La mitad de la carrera había pasado, todavía estábamos los tres, y aunque nuestra respiración delataba cansancio, ninguno daba su brazo a torcer.  Decido volverme conservador y dejara que tiren ellos. El terreno llano le va bien a José Antonio, que vuelve a apretarnos, poniéndose en manifiesto los primeros síntomas de debilidad de Sergio. Yo no es que vaya muy boyante, pero me mantengo sin dejar que se aleje mucho.

Segundo avituallamiento, la carrera se me rompe: yo me entretengo bebiendo, José Antonio y Sergio me cogen unos metros. Ahora es todo para abajo y me cuesta mucho recuperar. Paso a Sergio y le mantengo la distancia a José, con la esperanza de poder cazarlo cuando vuelva a empinar.

Lo intento, aprieto los dientes, pero ya nada se puede hacer. Los doscientos metros que me ha metido son suficientes para poder coronar sin problemas. Mis piernas ya no pueden más, preocupándome más de los de detrás que de cazar al escapado.
Segundo de la general
En el cruce me doy cuenta de que no van a poder pillarme y aunque la gente me anima en mi lucha por el primer puesto, yo ya doy por bueno mi segunda posición, arrastrándome hasta meta pensando en las posibles secuelas de esta carrera para mis futuros entrenamientos.
 

Al final segundo de la general y primer local.



1 comentario:

  1. Como era aquello de profeta en tu tierra. Un saludico.

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